La matriz polifacética

Objetivo: modelo visual para la gestión de intereses en un contexto polifacético.

Hemos hablado, en otras ocasiones, de diferentes tipos de polifacetismo. Por un lado está el exclusivo, aquel en el que el foco de atención se centra en una única actividad durante períodos temporales relativamente largos. Tal vez desees dedicar cincuenta años al estudio de la física y matemáticas, otros cincuenta a la antropología, cincuenta más al sano ejercicio de escribir y otros tantos para perfeccionarte tocando el piano.

Puede que haya exagerado un poco, pero quien dice cincuenta dice cinco años…, o cinco meses.

Estas personas, a simple vista, no aparentan ser polifacéticas. Sólo contemplando con perspectiva su trayectoria vital descubres su diversidad de intereses.

Y luego está aquel tipo de polifacetismo que se asemeja a un nido de polluelos hambrientos, siempre insaciables. Sólo tienes un pico para ir alimentándolos de uno en uno. Es importante cuidar de que ninguno se quede sin su ración diaria de comida.

Foto: Alan Vernon; CC 2.0 BY-NC-SA
Foto: Alan Vernon; Licencia Creative Commons 2.0 BY-NC-SA

Quédate bien con esta imagen, pues es muy representativa del día a día de un polifacético.

Para llevar un control de cuando fue la última vez que alimentamos a cada uno de nuestros pichones podemos recurrir a un modelo que denomino la matriz polifacética.

En una hoja de cálculo indicamos, en cada fila, las diferentes áreas de interés. Tantas como facetas deseemos alimentar. En las columnas de la tabla aparecen numerados los distintos días del mes actual.

La matriz polifacética

La relación será tan simple o compleja como desees. Puede ser muy detallada (en la mía figura un centenar) o limitada a cuatro o cinco categorías generales. Adáptala completamente a tus necesidades.

La operativa es muy sencilla: marca una X en la celda adecuada si ese día en concreto le has dedicado tiempo suficiente a esa actividad. Decide tú qué significa “tiempo suficiente”, pero probablemente sea algo que quieras diferenciar según el tipo de actividad. Por ejemplo, si tocas la guitarra y un día te limitas a recorrer escalas durante uno o dos minutos, tal vez no sea honesto acreditarte un trabajo suficiente para ganarte la X. Quizá una sentada de veinte minutos, al menos, con plena concentración, pueda suponer ya un tiempo relevante. Establece uno a uno tus propios criterios.

Hubo un tiempo en el que, en lugar de marcar así cada casilla, utilizaba un código de tres colores de fondo en función de la intensidad dedicada a la actividad (baja, moderada o alta). Finalmente lo desestimé, pues sobrecargaba innecesariamente el sistema.

Observa, en el gráfico, que hay actividades que aparecen jerarquizadas en distintos niveles. Por ejemplo, en la categoría CIENCIAS aparece otra de segundo nivel, FÍSICA, de la que a su vez cuelga, en un tercer nivel, PROBLEMAS. Por lo general, distingo el tiempo que dedico a estudiar y a leer textos de física del que empleo para la resolución práctica de problemas.

Si señalas con una X una actividad, asegúrate de marcar también todas las actividades padre de que dependa. En el ejemplo anterior, si resuelvo PROBLEMAS de física, marco también las categorías FÍSICA y CIENCIAS. De este modo, puede que un día trabaje en física y otro lo dedique a las matemáticas. Las dos marcas presentes en CIENCIAS me indicarán que, si bien no he atendido a cada subcategoría individual esos días, al menos si he dedicado tiempo a una actividad científica. De hecho, no pretendo todos los días estudiar física, pero sí que intento, en la medida de lo posible, que no pase un día sin mi dosis suficiente de contacto con la ciencia.

Puedes incluir también, en tu relación de actividades, hábitos que quieras mantener. Tareas relacionadas con el deporte, la salud, la gestión personal o las relaciones sociales y familiares también pueden encajarse perfectamente en esta matriz. Sé imaginativo.

Tal vez no desees, expresamente, atender diariamente cada actividad y te baste con una o varias ocurrencias semanales. Puede que no tengas tiempo para estudiar y jugar al ajedrez con regularidad, pero quizá puedas darte el capricho, una o dos veces por semana, de sacar tu tablero y analizar, junto a una taza de café, una partida de ajedrez magistral.

El método da cabida también a los días monotemáticos, si te gusta ese modo particular de operar. De un simple vistazo tendrás información que te ayudará a decidir qué modo conviene volver a tratar.

Observa, en la parte inferior, como el documento se organiza en pestañas, una para cada mes, lo que facilita el seguimiento en los días de transición.

Un buen momento para revisar la matriz polifacética es al terminar la jornada, recordando y marcando lo que hemos hecho a lo largo del día y esbozando el que será el plan de trabajo de mañana.

En cuanto tu lista sea medianamente amplia, ten claro que será virtualmente imposible marcar todas las casillas diarias. El objetivo no es ese, no lo olvides. ¡Qué estrés, si fuera así! La bondad del método no es otra sino disponer de un sistema que nos permita, de un modo visual e inmediato, evaluar el grado de equilibrio en nuestra vida de acuerdo a cómo hemos decidido vivirla.

Javier Montero Gabarró


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Días monotemáticos para polifacéticos

Todos los polifacéticos intentamos ser lo más productivos posible en cada una de las áreas de nuestro interés. Otra cosa muy distinta es que lo consigamos, algo que depende en buena manera de nuestra capacidad de organización personal.

En Polifacetismo y Productividad hablábamos de distintos tipos de polifacetismo atendiendo a la frecuencia con la que desplazábamos el foco de atención. En mi caso particular, me permito picotear entre varias actividades distintas a lo largo del día. Para no perder el hilo entre sesiones hago uso riguroso de los diarios de acción, además de otras técnicas que me transportan rápidamente al estado mental necesario para poder sacar el mayor provecho posible al tiempo, a menudo breve, que voy a estar inmerso en la actividad.

No obstante, en ocasiones necesito salir de esta pauta de trabajo y acercarme a mis inquietudes de un modo diferente. Dispongo de un amplio abanico de esquemas “regeneradores”, como me gusta denominarlos, que refrescan mi motivación y capacidad de rendimiento. Uno de ellos es el de los días monotemáticos.

Los días monotemáticos, tal como el término indica, no son más que días en los que concentramos el foco de interés en una única inquietud.

Eso no significa que sea lo único que hagamos durante el día, por supuesto. Todos tenemos que atender obligaciones inexcusables, también merecedoras de nuestra pasión, que pueden ocuparnos numerosas horas de nuestra jornada diaria. Pero, fuera de lo indiscutible, tenemos capacidad de decisión sobre lo discutible, y es en ese terreno donde somos reyes absolutos de nuestro tiempo.

Un día monotemático se inicia decidiendo, en los primeros compases de la mañana, en qué actividad volcaremos nuestro entusiasmo. La ducha matutina (me levanto cada día a las seis) es un momento ideal para mí, entre sensaciones energizantes y regeneradoras, para confirmar una decisión que probablemente mi subconsciente ya ha tomado. No es algo que deje para el día anterior: con frecuencia, la impregnación monotemática se mantiene hasta el límite entre la vigilia y el sueño (puede que durante él también) y no me gusta interrumpirla. De hecho, ¿quién no ha experimentado la aparición de una idea creativa o la resolución de un problema complejo en este estado de semiconsciencia que precede al sueño?

Tampoco acostumbro a planificarla con antelación: escribir que dentro de cinco días me centraré en la organización del blog, el sexto a la producción musical y el séptimo a programar en Python hace que el método se vuelva poco efectivo al perder la bondad de la espontaneidad y la improvisación. Con los días monotemáticos pretendemos una reconexión con nuestras pasiones y un mejor conocimiento de nuestras prioridades. Por eso decía antes que poco más que tenemos que confirmar algo que en el fondo ya sabemos. La fría planificación anticipada no tiene en cuenta la parte sumergida del iceberg.

Una vez elegida tu inquietud del día (o, más bien, una vez la inquietud te ha elegido), haz que transpire por todos tus poros. Por un día olvídate de que eres polifacético y dedícale todo tu amor con jurada fidelidad. No permitas que ninguna otra faceta te hable, al menos hasta la ducha del día siguiente.

Si el compromiso y la conexión son los adecuados probablemente descubras que estás siendo productivo incluso en el tiempo inicialmente no previsto para la actividad, como aquel que clasificamos para las obligaciones inexcusables. Y es que, al igual que somos un 60% agua, así nuestro tiempo es mucho más líquido de lo que creemos y podemos sacar mucho jugo al exprimirlo. No menosprecies el tiempo que dedicamos a pensar en algo, incluso aunque ese algo sea una guitarra que hasta dentro de nueve horas no tendrás en tus manos. Recuerdo haber esbozado el núcleo de una canción durante una sesión de running por el parque.

No todos los días monotemáticos resultarán igual de productivos, por supuesto. Puede que, dadas las circunstancias concretas del día, incluso no aparenten haberlo sido en absoluto. Eso no debe preocuparte lo más mínimo: volverá a amanecer a la mañana siguiente y la opción de repetir menú siempre estará disponible.

Quizás descubras que lo que te apetece es repetir y repetir la misma pasión un día tras otro, asemejándote por una temporada al polifacético que es capaz de dedicar largos períodos de tiempo a una actividad exclusiva para luego abandonarla e iniciar algo completamente diferente. ¿Por qué no?

Lo realmente sorprendente es que, una vez hemos instalado el estado mental de producción monotemática, lo mucho que podemos lograr en un aparentemente simple y cotidiano día. Desde aprender un lenguaje de programación o una nueva pieza musical, leer un libro entero o escribir una canción. O, por lo menos, obtener importantes avances en cualquier área de nuestro interés.

¿Cuánto tiempo mantener tus días monotemáticos? Mi respuesta es la misma para cualquier técnica de productividad o método de organización personal: mientras funcione. Tan pronto empieces a percibir que no obtienes los resultados deseados sabrás que habrá el llegado el momento de que ese agente poderoso que es el cambio vuelva a entrar en acción.

Javier Montero Gabarró


Días monotemáticos para polifacéticos


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Polifacetismo y productividad

Si eres una persona polifacética, hay una máxima con la que seguro habrás tenido que lidiar en ocasiones: quien mucho abarca poco aprieta. Puedes aceptar el mensaje negativo y limitante o puedes, simplemente, ignorarlo por ridículo.

¿Qué significa “abarcar”? ¿Qué es “apretar”? ¿Quién decide cuánto estás apretando? ¿Tú mismo o quizás los demás?

Si basas el concepto de ti mismo en la opinión de los demás, permíteme dudar de que seas alguien verdaderamente polifacético.

El polifacetismo es una forma de vida que requiere coherencia con nuestros anhelos más profundos y un conocimiento muy claro de nuestros valores y prioridades. ¿Quién puede conocerlos mejor que nosotros mismos para permitirse el lujo de juzgarnos?

Se dice de este tipo de personas que tienen dispersas y poco claras sus prioridades, cuando la realidad suele ser precisamente lo contrario. Detrás de cada polifacético hay alguien que vive el presente intensamente, siendo su prioridad máxima extraer la mayor cantidad de jugo a ese instante efímero. Y es tal la energía que son capaces de volcar en ese momento presente que la consecución de objetivos medibles, inherentes a la propia actividad, suele ser algo que cae por su propio peso, aunque no sea ese su leit motiv.

Existen distintos modos de polifacetismo dependiendo de la frecuencia con la que varía el foco principal de interés. En un extremo está el que se dedica en cuerpo y alma durante meses, o incluso años, a una determinada actividad; hasta que llega el día en que es sustituida por otra completamente distinta, haciendo que aquella espere turno pacientemente a que la pasión vuelva a recuperarla al primer plano. En el lado contrario está el que es capaz de desplazar el foco varias veces en el mismo día sin que se resienta un ápice el nivel de compromiso. No es nada sencillo lograr una abstracción completa ni realizar la transferencia de pasión de un campo a otro en tan corto espacio de tiempo. En sucesivos artículos mostrare algunas técnicas que ayudarán a lograrlo.

Un polifacético viaja donde la pasión le lleva. Es tan vasto el campo del conocimiento y tan breve la vida que es difícil resistirse a la tentación de querer probar cada fruta de ese campo.

¿Y tú, te consideras una persona polifacética? Seguro que lo eres aunque no te lo creas. Pregúntate cuáles son tus inquietudes y descubre tus múltiples facetas. Y ten el valor de experimentarlas sin miedo y con libertad, ajeno a cualquier juicio de valor, procedente de ti o de cualquier otro.

Déjate enamorar; solo entonces serás un verdadero polifacético.

Javier Montero Gabarró


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El método de los hábitos incrementales

Para poder dominar cualquier actividad que te propongas necesitas constancia. Seguro que has oído en numerosas ocasiones algo parecido a “es mejor dedicarle veinte minutos cada día que tres horas ocasionalmente”.

Sea lo que sea: aprender un idioma, tocar un instrumento, programar con soltura,… Cualquier cosa que te propongas aprender requiere aproximarse a ella del modo en el que uno cuidaría un huerto: regándolo día a día.

Es algo que ya sabes de sobra: un largo camino se recorre paso a paso.

No hablaré más de lo que es obvio. Voy a dar una vuelta de tuerca a este concepto sencillo y lo enfocaré hacia el polifacetismo. Si eres de los que orientan su vida en torno al aprendizaje continuo en numerosos campos este artículo es para ti.

La idea sigue siendo la misma: trabaja cada día un poco en cada una de las actividades que te propongas y, antes de que te des cuenta, tendrás un buen nivel en cada una de ellas. Cuida de todas tus plantas día a día y con buena probabilidad recogerás una buena cosecha.

Los que disfrutamos de los placeres del polifacetismo nos las ingeniamos recurriendo a numerosos trucos para tratar de llevar todo adelante. Voy a presentarte aquí una técnica extremadamente sencilla que yo utilizo y que he bautizado con el nombre del método de los hábitos incrementales.

Puedes emplearla no sólo para cuestiones de aprendizaje a medio y largo plazo, sino para lograr objetivos de cualquier otra índole.

Como herramientas sólo necesitas un cuaderno y un lapicero. Vamos a crear listas y cualquier mecanismo que te permita gestionarlas te servirá. Yo empleo un programa de ordenador que está especializado en la gestión de tareas y sobre el que he desarrollado numerosas técnicas, además de esta. Hablaré de él en otro momento; para lo que te quiero explicar hoy será suficiente contar con lápiz y papel.

Para que comprendas el modo en el que la palabra incremental entra en juego, voy a contarte la metodología que empleo practicando mi deporte favorito, salir a correr.

Comienzo corriendo muy despacio y muy poco tiempo. No tengo el mínimo reparo en permanecer varias semanas así, dando tiempo a que mi organismo -músculos, tendones, articulaciones, corazón, pulmones- se adapten a la nueva actividad.

Cuando siento que el cuerpo está preparado, realizo un pequeño incremento en exigencia. En mi caso, puede ser hacer tiradas dos minutos y medio más largas que la semana anterior. Es sólo un pequeño incremento en dificultad y el cuerpo se podrá adaptar sin problemas. Cada semana incremento dos minutos y medio el tiempo de mis salidas individuales.

Es muy importante escuchar permanentemente lo que nos dice el cuerpo. En ocasiones me doy cuenta de que aún no está asimilando correctamente los incrementos en esfuerzo, así que la siguiente pregunta es obligada cada semana:

¿Incremento, mantengo o decremento?

Si el cuerpo aún necesita más tiempo, planifico la semana manteniendo la misma actividad que la anterior, sin ningún incremento. Incluso, si lo estimase adecuado, podría plantearme dar un pequeño paso atrás y decrementar la duración del ejercicio.

Ese es el modo en el que puedo disfrutar de mi actividad física, día a día, mejorando cada semana y con el mínimo riesgo de lesiones, pues doy tiempo suficiente a que el cuerpo se adapte antes de exigirle un nuevo esfuerzo. Cuando no quiero incrementar más el tiempo, me planteo un aumento, por ejemplo, en velocidad muy gradualmente. Resulta verdaderamente divertido y estimulante entrenar así.

Ya tenemos la esencia del método de los hábitos incrementales. Coge tu cuaderno, pon la fecha de hoy en una página y escribe tu primer hábito orientado hacia una actividad en la que pretendas mejorar o un objetivo que quieras lograr.

Por ejemplo, quiero mejorar mis habilidades con la guitarra. Trabajar las escalas, día a día, me hará un mejor improvisador. Así que escribo:

– Estudiar los patrones melódicos de la escala mayor.

Sólo esto, nada más. Mi compromiso ahora es que todos los días, disciplinada y constantemente, voy a dedicar un tiempo determinado a hacer este trabajo. No indico cuánto tiempo, pero debe ser el suficiente que me deje la sensación de haber hecho algo provechoso.

Puedo hacer otras actividades, desde luego, pero mi compromiso, de momento, está sólo en lo que hay en la lista.

Tras un par de días comprobando que soy capaz de ser disciplinado y que llevo a rajatabla mi plan, me planteo la entrada de una nueva actividad en mi lista.

Escribo una nueva lista con la fecha de hoy con las siguientes tareas:

– Estudiar los patrones melódicos de la escala mayor.
– Leer literatura inglesa.

Cada día escribo una nueva hoja con la lista de tareas actuales con las que estoy comprometido a dedicar un tiempo diario. De cuando en cuando, me voy planteando la siguiente pregunta:

¿Incremento, mantengo o decremento?

Gradualmente, en función de nuestra capacidad y tiempo disponible, nuestra lista polifacética irá creciendo hasta un punto en que alcance el equilibrio. Día a día iremos reafirmando hábitos que nos harán crecer en todos nuestros campos.

Hay días en los que, inevitablemente, no podremos cumplir con todo (o incluso con nada), pero al menos trataremos de hacer siempre nuestro mejor esfuerzo. En esos casos, en la lista del día siguiente, incluiremos, junto a la tarea, y entre paréntesis, un número indicando el número de días que llevamos sin realizar esa actividad.

Debemos ser cuidadosos con el contenido de nuestra lista de hábitos. El tiempo es limitado y nuestras inquietudes, muchas. Escribe en la lista sólo aquellas actividades que más valor te van a dar. Concentra tus energías, fundamentalmente, en lo que es verdaderamente importante y no dudes en retirar de tu planning las tareas que haga falta si necesitas hacer hueco para otras más valiosas.

Prueba esto un par de meses, si te atreves, y cuéntame tu experiencia…

No es magia… Es el resultado de sembrar y cuidar de la cosecha cada día.

Javier Montero


El método de los hábitos incrementales


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