La vida es demasiado corta para no jugar al ajedrez

Cualquiera que haya tenido un contacto serio con el mundo de los trebejos lo sabe de sobra. Una vez se instala el gusanillo en ti, te acompaña de por vida.

A veces con más intensidad, otras con menos. Podrán pasar incluso años sin tocar una pieza, pero al final la pasión siempre regresa.

He pasado varios años sin jugar al ajedrez.

Guardé las piezas y el tablero y empaqueté mi colección de casi 200 libros que ahora almaceno en un trastero.

Pero desde hace un par de semanas las piezas han vuelto a tomar vida. Ya llevaba escuchando días el ronroneo en su caja. Fue abrirla, intrigado, y solas se colocaron sobre el campo de batalla cuadriculado.

He vuelto a suscribirme al ICC para ir recuperando, gradualmente, la forma. Me entablo en partidas rápidas a cinco minutos, algo que nunca me ha gustado particularmente, pero son muy útiles para ir desanquilosando el cerebro.

Al igual que corriendo, me siento más un jugador de fondo que un sprinter.

Las palizas que me meten son tremendas. Trato de recordar líneas de apertura olvidadas y, cuando reacciono, la bandera está a punto de caer. A veces, me dejo piezas como si de un principiante se tratara. No veo tres en un burro.

Pero poco a poco, hay que rodar con paciencia, que quien tuvo, seguro que algo retuvo.

He instalado mi vieja copia de Chessbase, con sus millones de partidas históricas, y me he puesto con la siempre satisfactoria tarea de analizar las partidas de los grandes maestros. Podría pasarme horas con cada una de ellas…

Dudo mucho que vuelva a caer en actividades que terminaron quemándome como la liga por equipos. Si este verano encuentro algún torneo de semirrápidas en Andalucía que se dispute durante un fin de semana, quizás me apunte. El turismo-chess siempre ha llamado mi atención. Con frecuencia he envidiado la vida del jugador profesional, de torneo en torneo por toda la geografía mundial, a menudo no obteniendo más que apenas lo mínimo para subsistir y teniendo que dejarse la piel en el tablero para tener opción a un premio en metálico.

Si, llegado enero, el gusanillo persiste, tal vez considere la posibilidad de inscribirme en el open internacional que se disputa cada año en Sevilla, un torneo que provoca en mí tanto buenos como malo recuerdos.

Cualquier jugador lo sabe: asomarse a la ventana de las 64 casillas es entrar en un mundo fascinante. Es muy fácil quedar hechizado y querer pasar más tiempo en él que en el supuesto mundo “real” en el que vivimos.

El dramaturgo inglés Henry James Byron dijo, en una ocasión, que la vida era demasiado corta para el ajedrez.

La frase se presta a dos significados:

Por un lado, podría haber querido criticar al jugador de ajedrez diciendo que la vida era demasiado corta para perderla en un simple juego.

Pero el significado más aceptado por la comunidad ajedrecística es que harían falta varias vidas para dominar la complejidad de este inabarcable juego-ciencia.

A mí me gusta jugar con la frase y decir que la vida es demasiado corta como para no jugar al ajedrez. Es tan mágico y misterioro su mundo, que perfectamente podría dar sentido a toda una vida entera.

Javier Montero

4 opiniones en “La vida es demasiado corta para no jugar al ajedrez”

  1. Si. El ajedrez es uno de los mejores inventos de la humanidad. Yo tuve mi época también, pero a pesar de pasar horas y horas frente al tablero, nunca pasé de ser un mediocre jugador. Me divertía mucho. También tengo mis piezas guardadas en una caja…

    Salud!

  2. Me alegro de que te guste! 🙂

    O sea, que cualquier día puedes caer de nuevo…

    Puede parecer una chorrada, pero creo que correr y jugar al ajedrez se complementan muy bien.

  3. Que bien, a mi también me encanta el ajedrez, hace mucho que no juego, pero siempre ha sido muy apasionante, ahora lo de los libros me inquieta, libros para jugar al ajedrez, yo nunca he entendido eso de reina a b5, o torre a g4 , muy enredado para mi… de momento el único que juega a veces conmigo es el ordenador y siempre me gana ¿por que será?

  4. El ajedrez tiene mucho de estudio: las aperturas, táctica, estrategia, los finales… Los libros te pueden ayudar a progresar. 🙂

    Yo hace ya mucho tiempo que dejé de ganar a los ordenadores. Hay que rendirse a la tecnología, de igual modo que tampoco podemos ganar a un coche en una carrera. 😀

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