La gran decisión del verano

En matemáticas, un axioma es un enunciado del cual aceptamos su veracidad sin exigir una demostración. Los axiomas son los pilares sobre los que elaboraremos después enunciados más complejos.

Hoy he roto definitivamente uno de mis axiomas básicos en relación a este deporte. Y no es otro sino este:

“Voy a pasar unos cuantos meses rodando a la máxima velocidad que me permita un pulso no superior a 139 ppm”.

Ignorante de mí, inexperto corredor en mi primer año como tal, desprecié el tremendo efecto del calor del verano al correr.

Ya tanteé esa posibilidad el domingo pasado, durante el entrenamiento en Madrid. Hoy lo ratifico.

Amplio el límite superior hasta un máximo de 149 ppm.

Podría rodar a 139, pero me aburre tremendamente correr a menos de 8 Km/h. Y si no me divierto, no funciono. Las motivaciones intrínsecas son imprescindibles para mí.

Cuando acabe el verano, replantearé la cuestión nuevamente.

Al amparo de esa nueva ley, he cogido la bicicleta a las seis y veinte de la tarde con la intención de dirigirme al gimnasio y trabajar algo de pesas, junto a la sesión correspondiente corriendo.

Los termómetros con los que me he cruzado marcaban la “friolera” de 47 grados.

Unos cuarenta minutos para trabajar hombros, triceps y biceps. Series de 18 repeticiones con muy poco peso.

Cuando uno tiene tantas ganas de correr, está deseando acabar para ponerse manos a la obra cuanto antes. Me ha costado contenerme y cumplir con el trabajo previo.

Una hora y diez minutos sobre la cinta, segundo rodaje con las plantillas nuevas.

Pulso típico de unos 143 ppm. Aún tengo margen hasta el límite superior, lo cual me va a permitir cierto juego y alegría en mis entrenos veraniegos.

Javier Montero

2 opiniones en “La gran decisión del verano”

  1. Controlas demasiado lo incontrolable. Las pulsaciones no son una ciencia exacta, con calor, poco sueño, etc se suben para la misma sensación de esfuerzo. Suéltate el pelo y corre distancias según te sientas, corre por sensaciones alguna vez. A estas alturas ya deberías saber más o menos qué pulsaciones llevas sin mirar el relojito ¿o me equivoco?

  2. Gracias, Gonzalo. 🙂

    Hasta más o menos mayo podía presumir de intuir por dónde iba mi pulso simplemente por las sensaciones. Pero ahora, reconozco, con la llegada de esta calor tan intenso, ando bastante perdido. Puedo creer una cosa y luego descubrir que mi pulso puede estar incluso 20 ppm más alto de lo que pienso.

    Me gusta correr con pulsómetro. Me motiva, además. Parto de la creencia de que controlar el pulso, que es algo sencillo cuando se posee un pulsómetro (basta con regular la velocidad), me ayuda a progresar como corredor.

    Esto no quiere decir que siempre va a ser así, desde luego. Las motivaciones dan giros bruscos de 180 grados, a veces, pero en esta fase quiero que el pulsómetro sea mi compañero.

    Y ahora en verano, tengo el añadido de la seguridad. Soy muy novato en esto. Sería tremendamente fácil, dentro del sufrimiento, pasar la línea a partir de la cual podría llevarme un buen susto. El pulsómetro puede protegerme de un accidente ante estas temperaturas tan altas.

    Permíteme que sobreviva al verano, después ya habrá ocasión para soltarme el pelo.

    Gracias de nuevo, aprecio muchísimo tus comentarios. 🙂

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